Al Gobierno no le interesa investigar la tortura. A Aritz Beristain, detenido en 2002 en Donostia, no le sirvió de nada denunciar que había sido golpeado, ahogado y amenazado durante su arresto y traslado a Madrid. El Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha condenado a España a indemnizar a Beristain con 23.000 euros, igual que a Mikel San Argimiro en septiembre de 2010. Los que se llenan la boca diciendo que todo es ETA y cambian las reglas del juego según les dé el viento no han salido para «condenar» también este tipo de violencia, como no exigen que se cumplan las recomendaciones de la ONU ni se manifiestan cuando herriko tabernas, ikastolas y gaztetxes son atacados.
jueves, 10 de marzo de 2011
domingo, 23 de enero de 2011
55 años y copiando de la de al lado
La noticia del día, al parecer, es la novedosísima iniciativa de Mariano Rajoy para que los parlamentarios debatan la supresión de sus privilegios -en lo que a cobro de pensiones se refiere-. Repasando las portadas de los diarios nacionales, me resulta curioso que el que más se acerca a la realidad sea Público.El cinismo de la clase política, es algo que ya no me sorprende.
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domingo, 19 de diciembre de 2010
Cara y cruz
Las dos caras de la moneda es lo que uno conoce cuando mantiene el trato con las personas a lo largo del tiempo. La cara es lo que enseñan al primer vistazo, por aquello de agradar con la primera impresión. Son las palabras, que, si no se atienden, quedan en nada. La cruz sale cuando, pasado un tiempo, ya no es necesario mostrar una buena cara ni predisposición a que las cosas funcionen y entonces cada uno empieza a moverse según sus propias necesidades.¿Sería posible conocer realmente a alguien sin que haya una cruz?
lunes, 17 de mayo de 2010
Y aun con todo
Nubes que intentan tocar el suelo, empujadas por el cielo. Palabras que atan. Ingenio. Frío y lluvia con los brazos abiertos. Ganas de huir, por si acaso. Descanso, parón. Cambio. Tentar al miedo. Tardes de sofá y tele. Buscar familiaridad en la cara de un desconocido. Reír. Apariencia. Fin del juego. Compartir un café ¿cómo te va?. Parece descafeinado. Querer otro ¿juegas?. Flashbacks con nombre de cuento de Spyri. Viejas caras con nuevas -inesperadas- expresiones. Pensamientos que ya no valen. Dejarlo atrás.
Y, aun con todo, querer volver.
Y, aun con todo, querer volver.
lunes, 12 de abril de 2010
La Audiencia Nacional absuelve a Egunkaria siete años después de cerrarlo
Juan Mari Torrealdai, Iñaki Uria, Martxelo Otamendi, Xabier Oleaga y José María Auzmendi, cinco directivos del diario editado íntegramente en euskera Euskaldunon Egunkaria, han sido hoy absueltos por la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional de la acusación de relación con ETA que pesaba sobre ellos. El diario fue cerrado en febrero de 2003 a tenor de un informe de la Guardia Civil que presumía alguna relación financiera con el entramado de la banda terrorista. La misma Sala opina que el cierre cautelar del medio no fue la medida correcta.Cronología del caso Egunkaria
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jueves, 8 de abril de 2010
Inmersión en distintas creencias
Caras amables, sonrisas y buenas palabras al entrar. En el fondo, una orquesta toca, canta y prepara el repertorio para la sesión. Ahora toca algo sobre Jesús, el sol y la vida. Cogemos asiento al principio, pero esos sitios están reservados a los bautizantes. El pastor saluda y da la bienvenida a las caras desconocidas. Aunque su acento latino no lo hace presumir, dice venir de Granada. Comienza el bautizo.
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miércoles, 7 de abril de 2010
Un lugar, una palabra
«Vamos a promover proyectos que nos lleven a la mejor sociedad que un individuo puede imaginar». Como Turino, los políticos son más bien expertos en vender humo. El poder no está en la persona, ni siquiera en el partido de turno. Lo que vale es la palabra. Palabras que no dicen nada y que sólo sirven a los ya convencidos de un discurso que bien podría trasladarse a cualquier tiempo y lugar, porque los no convencidos desearán ver hechos y los contrarios escucharán al de enfrente, que dice exactamente lo mismo, pero en él suena mucho mejor. Por eso el discurso se basa en palabras como proyecto, confianza, capacidad, crecimiento, sociedad, bienestar y demás abstractos.
«No sé cómo eres capaz de decirme eso cuando sabes muy bien que yo estoy peor».La fuerza de la palabra utilizada salta a primera línea cuando lo que ocurre es una discusión. Palabras que van al tú, a la acción personal. Tampoco hay contenido, pero es importante la profusión de consonantes fuertes en cada sonido que sale de la boca del individuo. Y a falta de eso y mejores dotes retóricas, se cae en el insulto, que también es muy sonoro.
A un amigo no se le habla ni en abstracto ni en insulto. Será el mensaje más sencillo de captar, porque al amigo no hay que arengarle ni –mucho menos– insultarle. Hay que transmitirle algo de la forma más simple que sea posible. «Pues fui el otro día al mecánico y me dijo que la historia está en la tapa del delco». El escuchante –este no es sólo oyente de un líder casi supremo– entiende rápidamente lo que su emisor quiere comunicarle, salvo las ayudas en el lenguaje técnico que pueda requerir.
Cada situación tiene su lenguaje. Y cada palabra tiene una misión. Por eso vale con oír palabras sueltas sin sentido entre sí para entender en qué situación se producen, más allá de pretender entender el objetivo del mensaje como un todo.
«No sé cómo eres capaz de decirme eso cuando sabes muy bien que yo estoy peor».La fuerza de la palabra utilizada salta a primera línea cuando lo que ocurre es una discusión. Palabras que van al tú, a la acción personal. Tampoco hay contenido, pero es importante la profusión de consonantes fuertes en cada sonido que sale de la boca del individuo. Y a falta de eso y mejores dotes retóricas, se cae en el insulto, que también es muy sonoro.
A un amigo no se le habla ni en abstracto ni en insulto. Será el mensaje más sencillo de captar, porque al amigo no hay que arengarle ni –mucho menos– insultarle. Hay que transmitirle algo de la forma más simple que sea posible. «Pues fui el otro día al mecánico y me dijo que la historia está en la tapa del delco». El escuchante –este no es sólo oyente de un líder casi supremo– entiende rápidamente lo que su emisor quiere comunicarle, salvo las ayudas en el lenguaje técnico que pueda requerir.
Cada situación tiene su lenguaje. Y cada palabra tiene una misión. Por eso vale con oír palabras sueltas sin sentido entre sí para entender en qué situación se producen, más allá de pretender entender el objetivo del mensaje como un todo.
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